Fallos frecuentes al instalar un lavavajillas en hostelería

¿Sabes cuántos restaurantes estrenan su flamante lavavajillas industrial y al cabo de una semana ya están llamando al técnico? Más del 40%. No es broma. Y no es culpa del aparato.

La instalación de un lavavajillas en hostelería parece pan comido hasta que te das cuenta de que hay mil formas de joderla. Presión inadecuada, ventilación inexistente, conexiones eléctricas que dan miedo. El resultado siempre es el mismo: facturas de reparación que te hacen llorar y clientes esperando platos limpios que nunca llegan.

Pero tranquilo. Aquí vamos a repasar los errores más chungos que cometen los hosteleros – y sus instaladores – cuando montan estos bichos. Porque sí, tu lavavajillas puede durar quince años si lo haces bien desde el principio.

Cuando la presión de agua te la juega: el error que más cuesta

Mira, esto parece una tontería pero es el fallo número uno. Absolutamente número uno.

Los lavavajillas industriales necesitan una presión específica. No vale con «bueno, sale agua del grifo». Necesitas entre 2 y 4 bares para la mayoría de modelos, y muchos restaurantes se quedan en 1,5 bares porque nadie se molestó en comprobarlo antes de la instalación.

¿El resultado? El agua llega flojita a los brazos aspersores. Los platos salen con restos de comida. Te toca repasar a mano la mitad de la vajilla. Y encima el ciclo de lavado se alarga porque la máquina intenta compensar la falta de presión aumentando el tiempo.

Pero ojo, que el problema también viene por arriba. Demasiada presión – más de 6 bares – y los brazos aspersores se vuelven locos. Literalmente. He visto lavavajillas que vibraban tanto que parecían a punto de salir volando. Sin contar el ruido infernal que meten.

La solución es sencilla pero requiere planificación. Antes de instalar nada, mides la presión en el punto donde vas a conectar el lavavajillas. Si está baja, instalas una bomba de presión. Si está alta, pones un regulador. Cuesta unos cientos de euros extra, pero te ahorras miles en problemas posteriores.

Y otra cosa: la presión no es constante durante el día. En horas punta, cuando todo el edificio consume agua, puede bajar considerablemente. Por eso algunos restaurantes que funcionan perfecto por la mañana se vuelven un caos durante el servicio de noche.

Personalmente he visto locales que tenían que fregar a mano durante las cenas de fin de semana porque nadie pensó en este detalle. Una auténtica locura que se evita con una simple medición previa.

La conexión eléctrica que te puede cerrar el negocio

Aquí es donde muchos hosteleros intentan ahorrarse unos pavos y acaban pagando el triple. O peor: enfrentándose a una inspección que les cierra el local.

Los lavavajillas industriales consumen una barbaridad de electricidad. Estamos hablando de equipos que pueden tirar entre 3 y 15 kW, dependiendo del modelo. Eso no es algo que conectas a cualquier enchufe de la cocina y ya está.

El error más común es usar una línea eléctrica inadecuada. Cables demasiado finos, cuadros eléctricos que no aguantan la potencia, protecciones inexistentes. Y cuando el lavavajillas arranca en pleno servicio, salta todo el diferencial de la cocina. Imagínate: en mitad de un sábado noche, sin luz en toda el área de preparación.

Pero hay algo peor que quedarse sin luz: los cortocircuitos. He conocido casos de restaurantes que se quemaron – literalmente – por conexiones chapuceras en el lavavajillas. Una instalación eléctrica mal hecha no solo te deja sin el equipo; puede acabar con todo tu negocio.

La normativa es muy clara al respecto. Necesitas una línea exclusiva para el lavavajillas, con su propio diferencial y magnetotérmico. Los cables deben estar dimensionados correctamente y toda la instalación tiene que cumplir el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión.

¿Te suena a chino? Normal. Por eso necesitas un electricista que sepa de hostelería, no el típico que te arregla los enchufes de casa. La diferencia de precio puede ser de 200 euros, pero la tranquilidad no tiene precio.

Y algo que muchos pasan por alto: la toma de tierra. Los lavavajillas industriales manejan agua y electricidad a cascoporro. Sin una toma de tierra adecuada, cualquier fuga te puede dar un susto de muerte. Literalmente.

Ventilación: el detalle invisible que lo cambia todo

¿Sabes qué pasa cuando instalas un lavavajillas industrial en una cocina sin ventilación adecuada? Se convierte en un sauna infernal que nadie aguanta.

Estos equipos generan vapor a espuertas. Y calor. Mucho calor. Un lavavajillas de campana puede elevar la temperatura de una cocina pequeña en 8-10 grados durante el servicio. Si no tienes una extracción potente, trabajar ahí se vuelve imposible.

Pero el problema no es solo el confort del personal. El vapor se condensa en techos, paredes, equipos eléctricos. Aparece moho. Se oxida todo lo que no esté protegido. Y la humedad ambiente dispara el consumo de los equipos de refrigeración, que tienen que trabajar el doble para mantener las cámaras frías.

El error típico es conectar la extracción del lavavajillas a la campana general de la cocina. Parece lógico, pero es una cagada monumental. La campana está diseñada para humos y grasas de la plancha, no para el vapor húmedo del lavavajillas. Se satura y no funciona bien ninguna de las dos cosas.

La solución correcta es instalar una extracción independiente para el área de lavado. Con su propio motor, su propio conducto y su propia salida al exterior. Sí, cuesta más dinero. Pero es la única forma de que funcione correctamente.

Y ojo con las condensaciones en los conductos. El vapor del lavavajillas condensa fácilmente si el conducto no está bien aislado. Esa agua tiene que ir a algún sitio, y si no previenes desagües, acabará goteando sobre los equipos o directamente al suelo.

Algunos lavavajillas de túnel incluyen sistemas de recuperación de calor que aprovechan el vapor para precalentar el agua de entrada. Están genial para ahorrar energía, pero necesitan una instalación todavía más cuidadosa de la ventilación.

Desagües que se convierten en tu peor pesadilla

Te voy a contar algo que suena asqueroso pero es real: la mayoría de problemas graves en lavavajillas industriales vienen del desagüe. No del equipo en sí. Del desagüe.

Un lavavajillas industrial puede evacuar entre 500 y 1.500 litros de agua por hora, dependiendo del modelo y la intensidad de uso. Esa agua viene cargada de restos de comida, grasa, detergente y todo lo que se desprende de la vajilla durante el lavado.

Si el desagüe no está bien dimensionado, se atasca. Y cuando se atasca un desagüe de lavavajillas, el espectáculo es dantesco. Agua sucia que rebosa por todas partes, olores que tumban y una cocina fuera de servicio hasta que soluciones el marrón.

El error más frecuente es conectar el desagüe del lavavajillas a la red general de la cocina sin instalar un separador de grasas adecuado. Las grasas se solidifican en las tuberías y las van obstruyendo poco a poco. Al principio evacuán bien, pero al cabo de unas semanas empiezan los problemas.

Otro fallo típico: usar tuberías de diámetro insuficiente. Muchos instaladores ponen el mismo diámetro que usarían para un fregadero doméstico. Fatal. Un lavavajillas industrial necesita como mínimo 70mm de diámetro en el desagüe principal, y preferiblemente 125 mm.

La pendiente también es crítica. Poca pendiente y el agua se estanca, acumulando suciedades que acaban atascando la tubería. Demasiada pendiente y el agua baja tan rápido que no arrastra bien los sólidos, que se van acumulando en los tramos más horizontales.

Y luego está el tema de los sifones. Muchos instaladores no ponen sifón en el desagüe del lavavajillas «porque el agua sale muy caliente y no va a subir olor». Error garrafal. Sin sifón, todos los olores de la red de saneamiento suben directamente a la cocina. Una experiencia inolvidable.

La solución correcta incluye un separador de grasas dimensionado para el caudal real del lavavajillas, tuberías de diámetro adecuado con la pendiente correcta, y un sifón que evite la subida de olores. Cuesta más, pero es la única forma de evitar problemas serios.

El espacio que nunca calculaste bien

¿Cuánto sitio necesita realmente un lavavajillas industrial? Más del que crees. Mucho más.

La mayoría de hosteleros miran las medidas del equipo y piensan: «perfecto, cabe justo en ese hueco». Y claro que cabe. El problema es que luego no puedes ni abrirlo ni limpiarlo ni repararlo.

Un lavavajillas de campana necesita espacio libre delante para cargar y descargar las cestas. Mínimo 80 cm, pero si quieres trabajar cómodamente, 100 cm. Y a los lados necesitas espacio para la ventilación y para poder acceder a las conexiones cuando haga falta.

Pero hay algo que casi nadie considera: el espacio para el mantenimiento. Estos equipos necesitan limpieza diaria de filtros, brazos aspersores, tanques. Si no puedes acceder cómodamente a todos los componentes, el mantenimiento se convierte en una tortura y acabas saltándotelo. Con las consecuencias que imaginas.

Y luego está el tema de las cestas. ¿Dónde las guardas cuando no las usas? ¿Dónde las escurres después del lavado? ¿Dónde preparas la vajilla sucia antes de meterla en el lavavajillas? Todo eso necesita espacio adicional que raramente se contempla en el diseño inicial.

Los lavavajillas de túnel o de arrastre necesitan todavía más espacio. La cinta de entrada y salida puede añadir varios metros a las dimensiones del equipo. Y necesitas espacio de maniobra para las bandejas o cestas que van circulando.

Personalmente creo que es mejor quedarse con un modelo algo más pequeño que tenga espacio suficiente alrededor, que meter a presión uno grande en un sitio que no le corresponde. La comodidad de trabajo compensa la menor capacidad.

Sin contar que si el lavavajillas está apretado entre otros equipos, el calor que genera puede afectar a los equipos vecinos. He visto cámaras frigoríficas que consumían el doble porque tenían el lavavajillas pegado a la pared lateral.

Software, mantenimiento y la pifia que cuesta miles

Los lavavajillas modernos son ordenadores con detergente. Y como cualquier ordenador, necesitan configuración, actualizaciones y mantenimiento específico.

El error más tonto y más caro es no hacer la puesta en marcha con un técnico oficial. Muchos hosteleros piensan que con conectar agua, luz y desagüe ya está todo. Pero estos equipos tienen docenas de parámetros configurables: temperatura de lavado, tiempo de enjuague, dosificación de detergente, ciclos de autolimpieza.

Si no los configuras correctamente para tu tipo de vajilla, tu dureza de agua y tu volumen de trabajo, el lavavajillas puede consumir el doble de agua y detergente del necesario. O peor: puede estar dañando tu vajilla con cada lavado.

La dureza del agua es especialmente crítica. En zonas de agua muy dura, si no instalas un descalcificador adecuado o no lo configuras bien, el lavavajillas se llena de cal en cuestión de semanas. Y la cal no solo afea los resultados; puede dañar irreversiblemente las resistencias y los circuitos internos.

Pero tampoco vale cualquier descalcificador. Necesitas uno dimensionado para el consumo real del lavavajillas y la dureza específica de tu agua. Y tienes que mantenerlo: cambiar resinas, reponer sal, limpiarlo periódicamente.

El mantenimiento preventivo es otro punto donde muchos la cagan. Estos equipos necesitan limpieza diaria, semanal y mensual de diferentes componentes. No es negociable. Si te saltas el mantenimiento, el equipo se degrada rapidísimo y acabas con averías que cuestan más que el propio lavavajillas.

Y algo que pocos consideran: la formación del personal. Un lavavajillas industrial bien usado puede durar 15 años. Mal usado se rompe en dos. Tu equipo de cocina necesita saber cómo cargarlo, qué detergentes usar, cómo limpiarlo y cuándo llamar al técnico.

Muchos restaurantes de Maquinaria de Hostelería han aprendido esto por las malas. La inversión inicial en formación y mantenimiento siempre sale rentable a medio plazo.

Vaya, después de todo este repaso puede parecer que instalar un lavavajillas industrial es misión imposible. Para nada. Solo requiere planificación y hacer las cosas bien desde el principio.

¿Mi consejo? No escatimes en la instalación. Puede parecer que te están clavando, pero una instalación correcta te ahorra problemas, dinero y dolores de cabeza durante años. Y si tienes dudas, consulta con profesionales especializados en equipamiento para bar y hostelería.

Tu lavavajillas puede ser tu mejor aliado en la cocina o tu mayor quebradero de cabeza. La diferencia está en cómo lo instalas el primer día.

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